viernes, 30 de julio de 2010

POR TAN ESTRECHA GRUTA EN CARNE VIVA

POR TAN ESTRECHA GRUTA EN CARNE VIVA

Por tan estrecha gruta en carne viva,
la lengua sigilosa deslizaba,
arrebolando pieles gustativas,
amarga miel, licor de baba.

Un doblar de cuerpo involuntario,
doblando ya el placer su anatomía
dejaba al descubierto el escenario,
y la amorosa entrada de alcancía.

¡Ábrete sésamo! Te doy el oro,
las perlas, los diamantes y rubíes
sediento estoy de darte, te lo imploro.

En esta gruta oscura, los diamantes
de la bolsa voy vertiendo, en este foso,
y cada piedra al caer, cae a un estanque.


Kepa Ríos Alday

jueves, 29 de julio de 2010

Este Tormento de Amor

Bajaba las escaleras pegándose la falda a las piernas con la mano para evitar que el viento mostrara completamente sus piernas. Desde que se sacó la oposición, hace más de 30 años, Laura se había dedicado a estudiar las miradas de los hombres, con el mismo detenimiento con el que, en sus tiempos de estudiante, desgranaba los capítulos del BOE, los decretos y las normativas municipales.
La vida del funcionario puede llegar a ser muy aburrida. En medio de toda la monotonía cotidiana, Laura sabía que sus blusas y vestidos, de llamativos colores y cada día diferentes, eran el mayor atractivo de la jornada de trabajo de sus compañeros y compañeras. Cada noche elegía detenidamente su atuendo. Tampoco le importaba ir bien conjuntada, jugaba con los contrastes entre algo elegante y algo un poco cutre; entre una prenda juvenil y otra muy sobria; algo muy estrambótico con algo super normal... Pero sobretodo le gustaba resaltar sus posturas de culo en pompa, de piernas abiertas, sus bostezos sacando pecho... Cuando notaba las miradas clavándose en sus pezones, era como si se los chuparán. Un estremecimiento recorría todo su cuerpo, y esto le hacía hinchar aún más las tetas y erguir aún más esas dos antenitas capaces de captar cualquier cambio de temperatura, de humedad, y cualquier mirada que les fuera dirigida.
Con el culo le pasaba algo parecido. Al agacharse, sentía las miradas como manos, como tibias llamitas, colándose por debajo de su falda, acariciándole la entrepierna. Y permanecía así todo el tiempo posible, sintiendo la atención suscitada, esa gran lengua lamiendo su culo perfumado, hidratado, y ataviado con una suave braguita transparente.
Esa mañana de mártes, fué al trabajo, o como se llame a donde van los funcionarios por las mañanas, con una falda muy fina que le llegaba por las rodillas; y una blusa blanca también muy fina.
Notó que estaba engordando un poco y que la falda le quedaba tal vez un poco pequeña en la parte del culo que, al ser demasiado prominente, daba a la falda un vuelo excesivo, dejándo las piernas muy al descubierto.
Al llegar a la cafetería se sentó en la barra, pidió, y se puso a leer el periódico mientras esperaba que le trajeran el café.
Un hombre de unos cincuenta años, con bastón de ciego y gafas de sol, es decir, un ciego, entró en la cafetería y se sentó al lado de ella.
-Buenos días Laura.
-Buenos días Ramón ¿cómo me ha conocido si no he dicho ni una palabra?
-Cosas de ciegos, Laura, ya te lo explicaré.
Laura rió sonoramente. Y siguió leyendo el periódico. Al cabo de un rato, sin levantar la vista del periódico dijo:
-Usted no me ha visto nunca. ¿Cuando habla con una mujer no le importa saber si es guapa? ¿Cómo puede encontrar atractivas a las mujeres sin verlas?
-Bueno, ahora a usted no la veo, pero la veo. Con esa pregunta es como si se hubiera usted levantado la falda delante de las narices.
-Ja, ja, ja, qué vergüenza! -Permaneció un rato sonriente, removiendo el café, y no logró cambiar de tema en sus pensamientos. - Y... cómo sabe que llevo falda.
-Pues es una buena pregunta. No me había dado cuenta de que lo sabía, pero es cierto: sabía que usted llevaba falda. ¿Cómo podré distinguirlo?
Me parece que las mujeres con falda huelen distinto. Los pantalones matan los olores de la piel, el sudor, y los aromas personales. Sin embargo con la falda tengo una percepción más intensa, me llega todo como con mucho detalle. Creo que por eso sabía que llevabas falda.
Al sentirse tan profusamente olida, Laura sintió una excitación monstruosa. Intentó cambiar de postura y casi se cae de la silla; pensó: Joder, pues ahora sí que tienes que estar oliendo bien, porque me estoy poniendo como una moto.
-Uy qué portento de sensibilidad olfativa- Exclamó con la voz temblorosa -¿Y el tacto? ¿también lo tienes tan desarrollado?
-Yo lo tengo todo bastante bien desarrollado.
-Ja, ja ja! A ver si me sabes decir de qué tela es esta falda.
Y le cogió la mano y puso en ella un poco de tela.
-Lo siento -dijo Ramón soltando la tela -pero sólo tengo los sentidos desarollados para aquello que me interesa.
Y puso su mano sobre la pierna de Laura que, esta vez, creyó que se iba a desamayar. Sin decir palabra fué hacia el baño casi tambaleándose. Apenas veía ni oía nada. Al doblar la esquina del pasillo que llevaba al baño, sintió un fuerte latigazo en el culo como si se tratara de una bara de mimbre. Era el bastón del ciego.


Kepa Ríos Alday

sábado, 19 de junio de 2010

Entre Jirones del Alma

Entre jirones del alma,
rehago la voz insatisfecha.
Cubro con mis manos
los pequeños desperfectos.
Algún día, el hombre volverá a existir.


Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero

miércoles, 28 de abril de 2010

No estoy satisfecho

No estoy satisfecho conmigo,
algo como un rencor que me apasiona
brota de mi silencio sin medida.
Blanco cristal de bienvenida,
ansío los brillos matutinos,
el gemido brutal de la muerte
desaciendo mi mirada para siempre.

Morir, moriré con las piernas ancianas,
con el rostro carcomido por el aire.
Pero ahora nadie llora. Sólo yo
puedo buscar el dinero y no encontrarlo,
y buscar trabajo como si yo no fuese un trabajador.

Pero no reconozco mis manos,
pero mis huesos se ríen precozmente.
Antes del último tropezón, ensayo una brutal dentellada
en el fondo de mi quehacer.


Kepa Ríos Alday

Mi Crisis

Tampoco está de más escribir un poco acerca de esto que me está pasando. No lo puedo creer.
Según llego el lunes al trabajo, con el besito de Alejandra aún fresco en los labios, me llama mi jefe y me dice que ya no me va a dar más trabajo y que estoy a disposición de recursos humanos. Es decir, me casi despide.
Yo creí que me moría. Pero aquí sigo. Lo único es que he perdido dos kilos en dos días. Eso no está mal.
Pero me doy cuenta que a mi no me pasa como a Menassa. Yo me pongo a escribir y soy un idiota escribiendo de sus problemas, no podría jamás pretender que a nadie le interese lo que escribo.
Solamente escribo cuando me encuentro muy muy mal y ya no sé que hacer. Realmente no tendría que estar escribiendo, tendría que estar buscando trabajo. Pero escribir me tranquiliza. Me hace sentir acompañado.
Ahora tengo que salir a buscar trabajo.
Piénsalo bien Kepa, lo que ganas en Indra lo podrás conseguir en varios sitios. Acuerdate que antes ganabas 800 de comercial. Seguro que puedes meter la cabeza por algún lado. No estás ganando tanto. Todo lo del trabajo es muy psíquico. Son todo relaciones, conversaciones... Pero qué boludo eres, lo tenías que haber hecho antes de que te echaran de Indra.

lunes, 12 de abril de 2010

poema a Gardel

Largo camino de la muerte
en ti confío
en ti mis horas acreciento
y canto sobre tu grandioso silencio
poemas compañeros...
Barra querida de aquellos tiempos.
Se terminaron para mí todas las farras,
mi cuerpo se alza sobre una tormenta magistral,
deleita rincones del tiempo,
carne destronada que cae
haciendo música.

Tu voz se ha llevado el viento,
y en el viento se ha quedado tu piel
impregnada de magnolias.
Tu oscuro rostro de feroz poeta
me ha cegado con su sed infinita.
Tus manos vacías me han llenado
de vacuos estruendos del alma,
y de tu pecho ha brotado como una luz
el mío.

Un dolor, una alegría,
termina contigo y contigo también
ha comenzado.
Quisiera gritar
bajo un relámpago tan conmovedor
como el océano en calma. Y ser
como tu voz un hombre
que talado se desangra.


Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero