lunes, 30 de agosto de 2010

Lencería afilada por tu piel,
breve temblor de fragancias,
en tu Otoño una perla se marchita
y su negro brillo ata
todo lo que abrasa. Los espejos
se hunden en la densa sombra,
el calor se refleja en los ojos
como si la vida los dejara.
Jadeante hierro, flores doradas,
blancas caléndulas nos sonríen
amenazantes.
Y de su cuerpo vacío
una culebra erguida nace,
simiente poderosa,
tallo de árbol para ataúdes,
nácar contagioso. Y de su cola
entrega el furioso néctar
a la danza
de los cadáveres amenazados.
Hay que soltar sus bridas,
hay que bañarse en ese frío metálico
como en el agua ensangrentada,
para emerger insensible como un pájaro.
Hay que encontrarse con esa señora
de paredes escalonadas que nos llama
como se funda una palabra sin decirla,
se espera caer en algún lugar
acarizado, cicatrizado como un verso,
miel de abejas maldicentes
aturdidas por los olores del sexo,
heridas, por la inminente noche.


Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero

domingo, 29 de agosto de 2010

NUEVA ENTRADA

Vacíos volcanes, cataratas sin rumbo,
hoy anticipo este porvenir
por el que sonrío. Este pobre pasado
agonizante.
Escribo contra el tiempo que
sin tocarme cincunda estos versos,
el tiempo de verde resplandor
de colinas aterciopeladas y ríos
queriendo estallar antes del mar.
Una marea negra de soles perdidios
se amontona en crueles despedidas,
atenúa los sonidos que flotan
lejos del infierno. Una marea arocoiris
de risas por nacer, centenarios árboles
amedrentando a la muerte, libélulas
desordenadas en el recuerdo,
una marea de panteras negras me rodea
y yo escribo sin saber
que va a pasar.



Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero

sábado, 28 de agosto de 2010

Guitarra Guitarra Mia

"Guitarra Guitarra Mía" (Canción de Carlos Gardel)

Guitarra, guitarra mía,
bello sueño de rubias cuerdas
que al acariciar suspiran,
ciegas culebras de sombra
heridas de seculares llantos.

Guitarra, guitarra mía,
esos llantos que te empapan,
que empapan tu dulce cuerpo,
lo hacen blando y violento.

Esos llantos nos empapan
y lloramos abrazados.
Que así me gusta llorar,
y tocarte cuando loca
el mundo quieres para tí.

Y si la noche nos sorprende,
como queriéndola ignorar
yo seguiré besándote
y tu cuerpo brillará.
Sublime y misterioso.
La noche te verá cantar
y bailar como una hembra
sedienta de libertad.
La noche sentirá envidia
y la habremos de invitar
a que venga con nosotros
a llorar y galopar.
Sobre músicas y versos,
que venga la noche y cante
con toda su oscuridad.



Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero

lunes, 2 de agosto de 2010

POEMA ERÓTICO: EXAMINÉ TUS RUEDAS ENGAÑOSAS

Examiné tus ruedas engañosas,
esas palabras donde vuelves
a aparecer de imprevisto.
Examiné tus monedas usadas,
tus ojos gastados en el amor,
tus manos forjadas en caricias.
Detenidamente, examiné tu cuerpo,
tu cuerpo sin nada,
una mujer tendida para el amor,
desplegada como un ejército inexperto,
como un discurso jamás pronunciado.
Examino minuciosamente tu boca que se abre,
tus labios que besan lentamente,
tus ruedas engañosas diciendo vete
y ven, continuamente.



Kepa Ríos Alday

RELATO ERÓTICO: La Mañana Siguiente Fué Como Después de una Tormenta

La mañana siguiente fue como después de una tormenta: Los objetos parecen asustados o tímidos, como tratando de entender qué ha pasado. Así estaban los cacharros en el fregadero, las copas medio vacías, la ropa sobre las sillas...
Pensé que si me levantaba tranquilamente a por un poco de zumo, me iba a dar cuenta de lo que había hecho. Marilia tenía unos veinte años más que yo, pero no era eso lo que me preocupaba. Era una de esas mulatas que no se sabe cómo tienen el culo y las tetas bien firmes y apetecibles hasta pasados los cincuenta. Lo que me preocupaba era que, además de ser vecina del barrio y regentar un pequeño bar, era vecina mía; y el bar no lo regentaba sola sino con la ayuda de su marido y sus dos hijos, que eran los dominicanos más famosos del barrio.
Me fijé que estaba completamente desnuda. Veía ese culo generoso ante mi y sentía ganas de volver a penetrarla. Besé sus hombros para girarla y poder llegar a sus pechos. Al darse la vuelta volví a ver ese coño fascinante, un poquito hinchado y siempre caliente y oloroso, con una mata de bello corto aunque muy tupido, que llegaba, desapareciendo, casi hasta el ombligo.
Este coño tan hermoso y suculento me producía irremediablemente una erección instantánea.
Me di cuenta que la persiana no estaba bajada del todo, y que tal vez los vecinos de enfrente podían ver algo. Esto hizo disminuir la erección varios grados de golpe. Me levanté de la cama y bajé la persiana hasta abajo, pero dejando pasar la suficiente luz.
Cuando me di la vuelta Marilia se había abierto ligeramente de piernas aunque seguía aparentemente dormida. Me pasó como el día de año nuevo, que uno se levanta con hambre a pesar de haber cenado más que ningún día. Sentí ganas de volver a comer un poco de aquel bizcochito de chocolate con fresa, aunque sólo fuera por recordar su sabor.
Con los primeros besos en el interior de los muslos, el culo y el abdomen, la vagina comenzó a humedecerse nuevamente, y emitía los mismos olores poderosos de la noche anterior. Mordí el monte de venus, las ingles; y comencé a notar la respiración de Marilia más entrecortada. Finalmente, cuando me pareció que estaba a la sazón, pasé la lengua muy lentamente, desde casi el ano hasta el final del clítoris, apretando con fuerza contra sus labios, al tiempo que sorbía todo lo que podía con la parte libre de la boca.
-¡Uy! Ja, ja, ja. Buenos días. -Dijo Marilia mientras se contraía de placer.
-Buefnof diaf -Contesté. A lo que ella contestó con unas risas muy entrecortadas por los suspiros.
Subí besándole el vientre, los pechos y el cuello, hasta la boca. No para besarle la boca sino para llegar con el pene hasta su vajina. Sin embargo cuando tuve su boca junto a la mía, antes de metérsela, le dí un largo beso en la boca.
En ese momento comenzó a sonar un móvil. El marido, pensé, fui a sacar el pene, pero ella me abrazó fuertemente con las piernas mientras estiraba el brazo para alcanzar el móvil. Antes de contestar miró el teléfono para ver quién era.
-Edgardo, ¿qué tal mi amor? ¿Llevaste a tu hermano al médico? y ¿qué dijo? ...No puede ser; si está vacunado. Esta tarde voy a ir yo otra vez porque esta gente no sabe lo que tiene mi Mauricio. Tu vete al colegio y déjale en la cama acostado ¿OK? Yo ahora voy para allá en un rato, que estoy haciendo la compra...¡ay!
Yo no pude aguantar más y, pasé del ligero vaivén en el que me había instalado para respetar la conversación, como creí que iba a colgar ya, a darle un para de empellones de los buenos.
-No, Edgardo, no me pasa nada, tranquilo mi hijo, es que me asustó un señor que se ha caído. ¡Ay! Se ha vuelto a caer. Voy a ayudarle. Hasta luego, un beso. ¿Qué? No, no le conoces, me parece que no es del barrio. Oye Reinaldo, qué más da, no importa, luego te contaré ¡Ay! Nada, nada, es que ha venido otro señor y le ha dado un golpe ¡ay! Pobrecito ¡ay! Qué paliza que le está dando.
En ese momento pensé que podía llegar a contar cualquier barbaridad. No sabía ni lo que decía.
Después de hacer el amor, cuando Mariela se hubo marchado, pensé en la historia que se tendría que inventar para que su familia no sospechara nada. Solo me quedaba confiar en su imaginación y en la credulidad de los suyos, pero me tranquilicé tratando de recordar haber pillado de niño alguna mentira a mi madre. Imposible.