Uno se asusta de vivir
como si vivir fuese algo.
Como si no hubiera gente en el mundo
haciendo su vida y muriendo,
y uno se cree con derecho a tener miedo
de cosas que aún no han sucedido.
Ahora voy a soñar porque no puedo escribir.
La falta de lectura. No leo poesía, o no lo bastante.
Porque lo que me sale no es un poema.
Bueno, confórmate con escribir como cuando empezaste.
Tal vez tengas que recuperar alguna libertad.
Al principio creía que escribir me curaba.
Tenía miedo de los curas. Podría tener miedo de escribir
en contra de gente poderosa.
Tendría que temer lo que tengo que temer,
las cosas, las personas, que realmente me pueden hacer mal.
El resto es mi propio miedo
lo que me hace mal.
Mejor leer, analizarse, para poder escribir.
martes, 7 de septiembre de 2010
lunes, 30 de agosto de 2010
Lencería afilada por tu piel,
breve temblor de fragancias,
en tu Otoño una perla se marchita
y su negro brillo ata
todo lo que abrasa. Los espejos
se hunden en la densa sombra,
el calor se refleja en los ojos
como si la vida los dejara.
Jadeante hierro, flores doradas,
blancas caléndulas nos sonríen
amenazantes.
Y de su cuerpo vacío
una culebra erguida nace,
simiente poderosa,
tallo de árbol para ataúdes,
nácar contagioso. Y de su cola
entrega el furioso néctar
a la danza
de los cadáveres amenazados.
Hay que soltar sus bridas,
hay que bañarse en ese frío metálico
como en el agua ensangrentada,
para emerger insensible como un pájaro.
Hay que encontrarse con esa señora
de paredes escalonadas que nos llama
como se funda una palabra sin decirla,
se espera caer en algún lugar
acarizado, cicatrizado como un verso,
miel de abejas maldicentes
aturdidas por los olores del sexo,
heridas, por la inminente noche.
Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero
breve temblor de fragancias,
en tu Otoño una perla se marchita
y su negro brillo ata
todo lo que abrasa. Los espejos
se hunden en la densa sombra,
el calor se refleja en los ojos
como si la vida los dejara.
Jadeante hierro, flores doradas,
blancas caléndulas nos sonríen
amenazantes.
Y de su cuerpo vacío
una culebra erguida nace,
simiente poderosa,
tallo de árbol para ataúdes,
nácar contagioso. Y de su cola
entrega el furioso néctar
a la danza
de los cadáveres amenazados.
Hay que soltar sus bridas,
hay que bañarse en ese frío metálico
como en el agua ensangrentada,
para emerger insensible como un pájaro.
Hay que encontrarse con esa señora
de paredes escalonadas que nos llama
como se funda una palabra sin decirla,
se espera caer en algún lugar
acarizado, cicatrizado como un verso,
miel de abejas maldicentes
aturdidas por los olores del sexo,
heridas, por la inminente noche.
Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero
domingo, 29 de agosto de 2010
NUEVA ENTRADA
Vacíos volcanes, cataratas sin rumbo,
hoy anticipo este porvenir
por el que sonrío. Este pobre pasado
agonizante.
Escribo contra el tiempo que
sin tocarme cincunda estos versos,
el tiempo de verde resplandor
de colinas aterciopeladas y ríos
queriendo estallar antes del mar.
Una marea negra de soles perdidios
se amontona en crueles despedidas,
atenúa los sonidos que flotan
lejos del infierno. Una marea arocoiris
de risas por nacer, centenarios árboles
amedrentando a la muerte, libélulas
desordenadas en el recuerdo,
una marea de panteras negras me rodea
y yo escribo sin saber
que va a pasar.
Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero
hoy anticipo este porvenir
por el que sonrío. Este pobre pasado
agonizante.
Escribo contra el tiempo que
sin tocarme cincunda estos versos,
el tiempo de verde resplandor
de colinas aterciopeladas y ríos
queriendo estallar antes del mar.
Una marea negra de soles perdidios
se amontona en crueles despedidas,
atenúa los sonidos que flotan
lejos del infierno. Una marea arocoiris
de risas por nacer, centenarios árboles
amedrentando a la muerte, libélulas
desordenadas en el recuerdo,
una marea de panteras negras me rodea
y yo escribo sin saber
que va a pasar.
Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero
sábado, 28 de agosto de 2010
Guitarra Guitarra Mia
"Guitarra Guitarra Mía" (Canción de Carlos Gardel)
Guitarra, guitarra mía,
bello sueño de rubias cuerdas
que al acariciar suspiran,
ciegas culebras de sombra
heridas de seculares llantos.
Guitarra, guitarra mía,
esos llantos que te empapan,
que empapan tu dulce cuerpo,
lo hacen blando y violento.
Esos llantos nos empapan
y lloramos abrazados.
Que así me gusta llorar,
y tocarte cuando loca
el mundo quieres para tí.
Y si la noche nos sorprende,
como queriéndola ignorar
yo seguiré besándote
y tu cuerpo brillará.
Sublime y misterioso.
La noche te verá cantar
y bailar como una hembra
sedienta de libertad.
La noche sentirá envidia
y la habremos de invitar
a que venga con nosotros
a llorar y galopar.
Sobre músicas y versos,
que venga la noche y cante
con toda su oscuridad.
Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero
lunes, 2 de agosto de 2010
POEMA ERÓTICO: EXAMINÉ TUS RUEDAS ENGAÑOSAS
Examiné tus ruedas engañosas,
esas palabras donde vuelves
a aparecer de imprevisto.
Examiné tus monedas usadas,
tus ojos gastados en el amor,
tus manos forjadas en caricias.
Detenidamente, examiné tu cuerpo,
tu cuerpo sin nada,
una mujer tendida para el amor,
desplegada como un ejército inexperto,
como un discurso jamás pronunciado.
Examino minuciosamente tu boca que se abre,
tus labios que besan lentamente,
tus ruedas engañosas diciendo vete
y ven, continuamente.
Kepa Ríos Alday
esas palabras donde vuelves
a aparecer de imprevisto.
Examiné tus monedas usadas,
tus ojos gastados en el amor,
tus manos forjadas en caricias.
Detenidamente, examiné tu cuerpo,
tu cuerpo sin nada,
una mujer tendida para el amor,
desplegada como un ejército inexperto,
como un discurso jamás pronunciado.
Examino minuciosamente tu boca que se abre,
tus labios que besan lentamente,
tus ruedas engañosas diciendo vete
y ven, continuamente.
Kepa Ríos Alday
RELATO ERÓTICO: La Mañana Siguiente Fué Como Después de una Tormenta
La mañana siguiente fue como después de una tormenta: Los objetos parecen asustados o tímidos, como tratando de entender qué ha pasado. Así estaban los cacharros en el fregadero, las copas medio vacías, la ropa sobre las sillas...
Pensé que si me levantaba tranquilamente a por un poco de zumo, me iba a dar cuenta de lo que había hecho. Marilia tenía unos veinte años más que yo, pero no era eso lo que me preocupaba. Era una de esas mulatas que no se sabe cómo tienen el culo y las tetas bien firmes y apetecibles hasta pasados los cincuenta. Lo que me preocupaba era que, además de ser vecina del barrio y regentar un pequeño bar, era vecina mía; y el bar no lo regentaba sola sino con la ayuda de su marido y sus dos hijos, que eran los dominicanos más famosos del barrio.
Me fijé que estaba completamente desnuda. Veía ese culo generoso ante mi y sentía ganas de volver a penetrarla. Besé sus hombros para girarla y poder llegar a sus pechos. Al darse la vuelta volví a ver ese coño fascinante, un poquito hinchado y siempre caliente y oloroso, con una mata de bello corto aunque muy tupido, que llegaba, desapareciendo, casi hasta el ombligo.
Este coño tan hermoso y suculento me producía irremediablemente una erección instantánea.
Me di cuenta que la persiana no estaba bajada del todo, y que tal vez los vecinos de enfrente podían ver algo. Esto hizo disminuir la erección varios grados de golpe. Me levanté de la cama y bajé la persiana hasta abajo, pero dejando pasar la suficiente luz.
Cuando me di la vuelta Marilia se había abierto ligeramente de piernas aunque seguía aparentemente dormida. Me pasó como el día de año nuevo, que uno se levanta con hambre a pesar de haber cenado más que ningún día. Sentí ganas de volver a comer un poco de aquel bizcochito de chocolate con fresa, aunque sólo fuera por recordar su sabor.
Con los primeros besos en el interior de los muslos, el culo y el abdomen, la vagina comenzó a humedecerse nuevamente, y emitía los mismos olores poderosos de la noche anterior. Mordí el monte de venus, las ingles; y comencé a notar la respiración de Marilia más entrecortada. Finalmente, cuando me pareció que estaba a la sazón, pasé la lengua muy lentamente, desde casi el ano hasta el final del clítoris, apretando con fuerza contra sus labios, al tiempo que sorbía todo lo que podía con la parte libre de la boca.
-¡Uy! Ja, ja, ja. Buenos días. -Dijo Marilia mientras se contraía de placer.
-Buefnof diaf -Contesté. A lo que ella contestó con unas risas muy entrecortadas por los suspiros.
Subí besándole el vientre, los pechos y el cuello, hasta la boca. No para besarle la boca sino para llegar con el pene hasta su vajina. Sin embargo cuando tuve su boca junto a la mía, antes de metérsela, le dí un largo beso en la boca.
En ese momento comenzó a sonar un móvil. El marido, pensé, fui a sacar el pene, pero ella me abrazó fuertemente con las piernas mientras estiraba el brazo para alcanzar el móvil. Antes de contestar miró el teléfono para ver quién era.
-Edgardo, ¿qué tal mi amor? ¿Llevaste a tu hermano al médico? y ¿qué dijo? ...No puede ser; si está vacunado. Esta tarde voy a ir yo otra vez porque esta gente no sabe lo que tiene mi Mauricio. Tu vete al colegio y déjale en la cama acostado ¿OK? Yo ahora voy para allá en un rato, que estoy haciendo la compra...¡ay!
Yo no pude aguantar más y, pasé del ligero vaivén en el que me había instalado para respetar la conversación, como creí que iba a colgar ya, a darle un para de empellones de los buenos.
-No, Edgardo, no me pasa nada, tranquilo mi hijo, es que me asustó un señor que se ha caído. ¡Ay! Se ha vuelto a caer. Voy a ayudarle. Hasta luego, un beso. ¿Qué? No, no le conoces, me parece que no es del barrio. Oye Reinaldo, qué más da, no importa, luego te contaré ¡Ay! Nada, nada, es que ha venido otro señor y le ha dado un golpe ¡ay! Pobrecito ¡ay! Qué paliza que le está dando.
En ese momento pensé que podía llegar a contar cualquier barbaridad. No sabía ni lo que decía.
Después de hacer el amor, cuando Mariela se hubo marchado, pensé en la historia que se tendría que inventar para que su familia no sospechara nada. Solo me quedaba confiar en su imaginación y en la credulidad de los suyos, pero me tranquilicé tratando de recordar haber pillado de niño alguna mentira a mi madre. Imposible.
Pensé que si me levantaba tranquilamente a por un poco de zumo, me iba a dar cuenta de lo que había hecho. Marilia tenía unos veinte años más que yo, pero no era eso lo que me preocupaba. Era una de esas mulatas que no se sabe cómo tienen el culo y las tetas bien firmes y apetecibles hasta pasados los cincuenta. Lo que me preocupaba era que, además de ser vecina del barrio y regentar un pequeño bar, era vecina mía; y el bar no lo regentaba sola sino con la ayuda de su marido y sus dos hijos, que eran los dominicanos más famosos del barrio.
Me fijé que estaba completamente desnuda. Veía ese culo generoso ante mi y sentía ganas de volver a penetrarla. Besé sus hombros para girarla y poder llegar a sus pechos. Al darse la vuelta volví a ver ese coño fascinante, un poquito hinchado y siempre caliente y oloroso, con una mata de bello corto aunque muy tupido, que llegaba, desapareciendo, casi hasta el ombligo.
Este coño tan hermoso y suculento me producía irremediablemente una erección instantánea.
Me di cuenta que la persiana no estaba bajada del todo, y que tal vez los vecinos de enfrente podían ver algo. Esto hizo disminuir la erección varios grados de golpe. Me levanté de la cama y bajé la persiana hasta abajo, pero dejando pasar la suficiente luz.
Cuando me di la vuelta Marilia se había abierto ligeramente de piernas aunque seguía aparentemente dormida. Me pasó como el día de año nuevo, que uno se levanta con hambre a pesar de haber cenado más que ningún día. Sentí ganas de volver a comer un poco de aquel bizcochito de chocolate con fresa, aunque sólo fuera por recordar su sabor.
Con los primeros besos en el interior de los muslos, el culo y el abdomen, la vagina comenzó a humedecerse nuevamente, y emitía los mismos olores poderosos de la noche anterior. Mordí el monte de venus, las ingles; y comencé a notar la respiración de Marilia más entrecortada. Finalmente, cuando me pareció que estaba a la sazón, pasé la lengua muy lentamente, desde casi el ano hasta el final del clítoris, apretando con fuerza contra sus labios, al tiempo que sorbía todo lo que podía con la parte libre de la boca.
-¡Uy! Ja, ja, ja. Buenos días. -Dijo Marilia mientras se contraía de placer.
-Buefnof diaf -Contesté. A lo que ella contestó con unas risas muy entrecortadas por los suspiros.
Subí besándole el vientre, los pechos y el cuello, hasta la boca. No para besarle la boca sino para llegar con el pene hasta su vajina. Sin embargo cuando tuve su boca junto a la mía, antes de metérsela, le dí un largo beso en la boca.
En ese momento comenzó a sonar un móvil. El marido, pensé, fui a sacar el pene, pero ella me abrazó fuertemente con las piernas mientras estiraba el brazo para alcanzar el móvil. Antes de contestar miró el teléfono para ver quién era.
-Edgardo, ¿qué tal mi amor? ¿Llevaste a tu hermano al médico? y ¿qué dijo? ...No puede ser; si está vacunado. Esta tarde voy a ir yo otra vez porque esta gente no sabe lo que tiene mi Mauricio. Tu vete al colegio y déjale en la cama acostado ¿OK? Yo ahora voy para allá en un rato, que estoy haciendo la compra...¡ay!
Yo no pude aguantar más y, pasé del ligero vaivén en el que me había instalado para respetar la conversación, como creí que iba a colgar ya, a darle un para de empellones de los buenos.
-No, Edgardo, no me pasa nada, tranquilo mi hijo, es que me asustó un señor que se ha caído. ¡Ay! Se ha vuelto a caer. Voy a ayudarle. Hasta luego, un beso. ¿Qué? No, no le conoces, me parece que no es del barrio. Oye Reinaldo, qué más da, no importa, luego te contaré ¡Ay! Nada, nada, es que ha venido otro señor y le ha dado un golpe ¡ay! Pobrecito ¡ay! Qué paliza que le está dando.
En ese momento pensé que podía llegar a contar cualquier barbaridad. No sabía ni lo que decía.
Después de hacer el amor, cuando Mariela se hubo marchado, pensé en la historia que se tendría que inventar para que su familia no sospechara nada. Solo me quedaba confiar en su imaginación y en la credulidad de los suyos, pero me tranquilicé tratando de recordar haber pillado de niño alguna mentira a mi madre. Imposible.
viernes, 30 de julio de 2010
POR TAN ESTRECHA GRUTA EN CARNE VIVA
POR TAN ESTRECHA GRUTA EN CARNE VIVA
Por tan estrecha gruta en carne viva,
la lengua sigilosa deslizaba,
arrebolando pieles gustativas,
amarga miel, licor de baba.
Un doblar de cuerpo involuntario,
doblando ya el placer su anatomía
dejaba al descubierto el escenario,
y la amorosa entrada de alcancía.
¡Ábrete sésamo! Te doy el oro,
las perlas, los diamantes y rubíes
sediento estoy de darte, te lo imploro.
En esta gruta oscura, los diamantes
de la bolsa voy vertiendo, en este foso,
y cada piedra al caer, cae a un estanque.
Kepa Ríos Alday
Por tan estrecha gruta en carne viva,
la lengua sigilosa deslizaba,
arrebolando pieles gustativas,
amarga miel, licor de baba.
Un doblar de cuerpo involuntario,
doblando ya el placer su anatomía
dejaba al descubierto el escenario,
y la amorosa entrada de alcancía.
¡Ábrete sésamo! Te doy el oro,
las perlas, los diamantes y rubíes
sediento estoy de darte, te lo imploro.
En esta gruta oscura, los diamantes
de la bolsa voy vertiendo, en este foso,
y cada piedra al caer, cae a un estanque.
Kepa Ríos Alday
jueves, 29 de julio de 2010
Este Tormento de Amor
Bajaba las escaleras pegándose la falda a las piernas con la mano para evitar que el viento mostrara completamente sus piernas. Desde que se sacó la oposición, hace más de 30 años, Laura se había dedicado a estudiar las miradas de los hombres, con el mismo detenimiento con el que, en sus tiempos de estudiante, desgranaba los capítulos del BOE, los decretos y las normativas municipales.
La vida del funcionario puede llegar a ser muy aburrida. En medio de toda la monotonía cotidiana, Laura sabía que sus blusas y vestidos, de llamativos colores y cada día diferentes, eran el mayor atractivo de la jornada de trabajo de sus compañeros y compañeras. Cada noche elegía detenidamente su atuendo. Tampoco le importaba ir bien conjuntada, jugaba con los contrastes entre algo elegante y algo un poco cutre; entre una prenda juvenil y otra muy sobria; algo muy estrambótico con algo super normal... Pero sobretodo le gustaba resaltar sus posturas de culo en pompa, de piernas abiertas, sus bostezos sacando pecho... Cuando notaba las miradas clavándose en sus pezones, era como si se los chuparán. Un estremecimiento recorría todo su cuerpo, y esto le hacía hinchar aún más las tetas y erguir aún más esas dos antenitas capaces de captar cualquier cambio de temperatura, de humedad, y cualquier mirada que les fuera dirigida.
Con el culo le pasaba algo parecido. Al agacharse, sentía las miradas como manos, como tibias llamitas, colándose por debajo de su falda, acariciándole la entrepierna. Y permanecía así todo el tiempo posible, sintiendo la atención suscitada, esa gran lengua lamiendo su culo perfumado, hidratado, y ataviado con una suave braguita transparente.
Esa mañana de mártes, fué al trabajo, o como se llame a donde van los funcionarios por las mañanas, con una falda muy fina que le llegaba por las rodillas; y una blusa blanca también muy fina.
Notó que estaba engordando un poco y que la falda le quedaba tal vez un poco pequeña en la parte del culo que, al ser demasiado prominente, daba a la falda un vuelo excesivo, dejándo las piernas muy al descubierto.
Al llegar a la cafetería se sentó en la barra, pidió, y se puso a leer el periódico mientras esperaba que le trajeran el café.
Un hombre de unos cincuenta años, con bastón de ciego y gafas de sol, es decir, un ciego, entró en la cafetería y se sentó al lado de ella.
-Buenos días Laura.
-Buenos días Ramón ¿cómo me ha conocido si no he dicho ni una palabra?
-Cosas de ciegos, Laura, ya te lo explicaré.
Laura rió sonoramente. Y siguió leyendo el periódico. Al cabo de un rato, sin levantar la vista del periódico dijo:
-Usted no me ha visto nunca. ¿Cuando habla con una mujer no le importa saber si es guapa? ¿Cómo puede encontrar atractivas a las mujeres sin verlas?
-Bueno, ahora a usted no la veo, pero la veo. Con esa pregunta es como si se hubiera usted levantado la falda delante de las narices.
-Ja, ja, ja, qué vergüenza! -Permaneció un rato sonriente, removiendo el café, y no logró cambiar de tema en sus pensamientos. - Y... cómo sabe que llevo falda.
-Pues es una buena pregunta. No me había dado cuenta de que lo sabía, pero es cierto: sabía que usted llevaba falda. ¿Cómo podré distinguirlo?
Me parece que las mujeres con falda huelen distinto. Los pantalones matan los olores de la piel, el sudor, y los aromas personales. Sin embargo con la falda tengo una percepción más intensa, me llega todo como con mucho detalle. Creo que por eso sabía que llevabas falda.
Al sentirse tan profusamente olida, Laura sintió una excitación monstruosa. Intentó cambiar de postura y casi se cae de la silla; pensó: Joder, pues ahora sí que tienes que estar oliendo bien, porque me estoy poniendo como una moto.
-Uy qué portento de sensibilidad olfativa- Exclamó con la voz temblorosa -¿Y el tacto? ¿también lo tienes tan desarrollado?
-Yo lo tengo todo bastante bien desarrollado.
-Ja, ja ja! A ver si me sabes decir de qué tela es esta falda.
Y le cogió la mano y puso en ella un poco de tela.
-Lo siento -dijo Ramón soltando la tela -pero sólo tengo los sentidos desarollados para aquello que me interesa.
Y puso su mano sobre la pierna de Laura que, esta vez, creyó que se iba a desamayar. Sin decir palabra fué hacia el baño casi tambaleándose. Apenas veía ni oía nada. Al doblar la esquina del pasillo que llevaba al baño, sintió un fuerte latigazo en el culo como si se tratara de una bara de mimbre. Era el bastón del ciego.
Kepa Ríos Alday
La vida del funcionario puede llegar a ser muy aburrida. En medio de toda la monotonía cotidiana, Laura sabía que sus blusas y vestidos, de llamativos colores y cada día diferentes, eran el mayor atractivo de la jornada de trabajo de sus compañeros y compañeras. Cada noche elegía detenidamente su atuendo. Tampoco le importaba ir bien conjuntada, jugaba con los contrastes entre algo elegante y algo un poco cutre; entre una prenda juvenil y otra muy sobria; algo muy estrambótico con algo super normal... Pero sobretodo le gustaba resaltar sus posturas de culo en pompa, de piernas abiertas, sus bostezos sacando pecho... Cuando notaba las miradas clavándose en sus pezones, era como si se los chuparán. Un estremecimiento recorría todo su cuerpo, y esto le hacía hinchar aún más las tetas y erguir aún más esas dos antenitas capaces de captar cualquier cambio de temperatura, de humedad, y cualquier mirada que les fuera dirigida.
Con el culo le pasaba algo parecido. Al agacharse, sentía las miradas como manos, como tibias llamitas, colándose por debajo de su falda, acariciándole la entrepierna. Y permanecía así todo el tiempo posible, sintiendo la atención suscitada, esa gran lengua lamiendo su culo perfumado, hidratado, y ataviado con una suave braguita transparente.
Esa mañana de mártes, fué al trabajo, o como se llame a donde van los funcionarios por las mañanas, con una falda muy fina que le llegaba por las rodillas; y una blusa blanca también muy fina.
Notó que estaba engordando un poco y que la falda le quedaba tal vez un poco pequeña en la parte del culo que, al ser demasiado prominente, daba a la falda un vuelo excesivo, dejándo las piernas muy al descubierto.
Al llegar a la cafetería se sentó en la barra, pidió, y se puso a leer el periódico mientras esperaba que le trajeran el café.
Un hombre de unos cincuenta años, con bastón de ciego y gafas de sol, es decir, un ciego, entró en la cafetería y se sentó al lado de ella.
-Buenos días Laura.
-Buenos días Ramón ¿cómo me ha conocido si no he dicho ni una palabra?
-Cosas de ciegos, Laura, ya te lo explicaré.
Laura rió sonoramente. Y siguió leyendo el periódico. Al cabo de un rato, sin levantar la vista del periódico dijo:
-Usted no me ha visto nunca. ¿Cuando habla con una mujer no le importa saber si es guapa? ¿Cómo puede encontrar atractivas a las mujeres sin verlas?
-Bueno, ahora a usted no la veo, pero la veo. Con esa pregunta es como si se hubiera usted levantado la falda delante de las narices.
-Ja, ja, ja, qué vergüenza! -Permaneció un rato sonriente, removiendo el café, y no logró cambiar de tema en sus pensamientos. - Y... cómo sabe que llevo falda.
-Pues es una buena pregunta. No me había dado cuenta de que lo sabía, pero es cierto: sabía que usted llevaba falda. ¿Cómo podré distinguirlo?
Me parece que las mujeres con falda huelen distinto. Los pantalones matan los olores de la piel, el sudor, y los aromas personales. Sin embargo con la falda tengo una percepción más intensa, me llega todo como con mucho detalle. Creo que por eso sabía que llevabas falda.
Al sentirse tan profusamente olida, Laura sintió una excitación monstruosa. Intentó cambiar de postura y casi se cae de la silla; pensó: Joder, pues ahora sí que tienes que estar oliendo bien, porque me estoy poniendo como una moto.
-Uy qué portento de sensibilidad olfativa- Exclamó con la voz temblorosa -¿Y el tacto? ¿también lo tienes tan desarrollado?
-Yo lo tengo todo bastante bien desarrollado.
-Ja, ja ja! A ver si me sabes decir de qué tela es esta falda.
Y le cogió la mano y puso en ella un poco de tela.
-Lo siento -dijo Ramón soltando la tela -pero sólo tengo los sentidos desarollados para aquello que me interesa.
Y puso su mano sobre la pierna de Laura que, esta vez, creyó que se iba a desamayar. Sin decir palabra fué hacia el baño casi tambaleándose. Apenas veía ni oía nada. Al doblar la esquina del pasillo que llevaba al baño, sintió un fuerte latigazo en el culo como si se tratara de una bara de mimbre. Era el bastón del ciego.
Kepa Ríos Alday
sábado, 19 de junio de 2010
Entre Jirones del Alma
Entre jirones del alma,
rehago la voz insatisfecha.
Cubro con mis manos
los pequeños desperfectos.
Algún día, el hombre volverá a existir.
Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero
rehago la voz insatisfecha.
Cubro con mis manos
los pequeños desperfectos.
Algún día, el hombre volverá a existir.
Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero
miércoles, 28 de abril de 2010
No estoy satisfecho
No estoy satisfecho conmigo,
algo como un rencor que me apasiona
brota de mi silencio sin medida.
Blanco cristal de bienvenida,
ansío los brillos matutinos,
el gemido brutal de la muerte
desaciendo mi mirada para siempre.
Morir, moriré con las piernas ancianas,
con el rostro carcomido por el aire.
Pero ahora nadie llora. Sólo yo
puedo buscar el dinero y no encontrarlo,
y buscar trabajo como si yo no fuese un trabajador.
Pero no reconozco mis manos,
pero mis huesos se ríen precozmente.
Antes del último tropezón, ensayo una brutal dentellada
en el fondo de mi quehacer.
Kepa Ríos Alday
algo como un rencor que me apasiona
brota de mi silencio sin medida.
Blanco cristal de bienvenida,
ansío los brillos matutinos,
el gemido brutal de la muerte
desaciendo mi mirada para siempre.
Morir, moriré con las piernas ancianas,
con el rostro carcomido por el aire.
Pero ahora nadie llora. Sólo yo
puedo buscar el dinero y no encontrarlo,
y buscar trabajo como si yo no fuese un trabajador.
Pero no reconozco mis manos,
pero mis huesos se ríen precozmente.
Antes del último tropezón, ensayo una brutal dentellada
en el fondo de mi quehacer.
Kepa Ríos Alday
Mi Crisis
Tampoco está de más escribir un poco acerca de esto que me está pasando. No lo puedo creer.
Según llego el lunes al trabajo, con el besito de Alejandra aún fresco en los labios, me llama mi jefe y me dice que ya no me va a dar más trabajo y que estoy a disposición de recursos humanos. Es decir, me casi despide.
Yo creí que me moría. Pero aquí sigo. Lo único es que he perdido dos kilos en dos días. Eso no está mal.
Pero me doy cuenta que a mi no me pasa como a Menassa. Yo me pongo a escribir y soy un idiota escribiendo de sus problemas, no podría jamás pretender que a nadie le interese lo que escribo.
Solamente escribo cuando me encuentro muy muy mal y ya no sé que hacer. Realmente no tendría que estar escribiendo, tendría que estar buscando trabajo. Pero escribir me tranquiliza. Me hace sentir acompañado.
Ahora tengo que salir a buscar trabajo.
Piénsalo bien Kepa, lo que ganas en Indra lo podrás conseguir en varios sitios. Acuerdate que antes ganabas 800 de comercial. Seguro que puedes meter la cabeza por algún lado. No estás ganando tanto. Todo lo del trabajo es muy psíquico. Son todo relaciones, conversaciones... Pero qué boludo eres, lo tenías que haber hecho antes de que te echaran de Indra.
Según llego el lunes al trabajo, con el besito de Alejandra aún fresco en los labios, me llama mi jefe y me dice que ya no me va a dar más trabajo y que estoy a disposición de recursos humanos. Es decir, me casi despide.
Yo creí que me moría. Pero aquí sigo. Lo único es que he perdido dos kilos en dos días. Eso no está mal.
Pero me doy cuenta que a mi no me pasa como a Menassa. Yo me pongo a escribir y soy un idiota escribiendo de sus problemas, no podría jamás pretender que a nadie le interese lo que escribo.
Solamente escribo cuando me encuentro muy muy mal y ya no sé que hacer. Realmente no tendría que estar escribiendo, tendría que estar buscando trabajo. Pero escribir me tranquiliza. Me hace sentir acompañado.
Ahora tengo que salir a buscar trabajo.
Piénsalo bien Kepa, lo que ganas en Indra lo podrás conseguir en varios sitios. Acuerdate que antes ganabas 800 de comercial. Seguro que puedes meter la cabeza por algún lado. No estás ganando tanto. Todo lo del trabajo es muy psíquico. Son todo relaciones, conversaciones... Pero qué boludo eres, lo tenías que haber hecho antes de que te echaran de Indra.
lunes, 12 de abril de 2010
poema a Gardel
Largo camino de la muerte
en ti confío
en ti mis horas acreciento
y canto sobre tu grandioso silencio
poemas compañeros...
Barra querida de aquellos tiempos.
Se terminaron para mí todas las farras,
mi cuerpo se alza sobre una tormenta magistral,
deleita rincones del tiempo,
carne destronada que cae
haciendo música.
Tu voz se ha llevado el viento,
y en el viento se ha quedado tu piel
impregnada de magnolias.
Tu oscuro rostro de feroz poeta
me ha cegado con su sed infinita.
Tus manos vacías me han llenado
de vacuos estruendos del alma,
y de tu pecho ha brotado como una luz
el mío.
Un dolor, una alegría,
termina contigo y contigo también
ha comenzado.
Quisiera gritar
bajo un relámpago tan conmovedor
como el océano en calma. Y ser
como tu voz un hombre
que talado se desangra.
Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero
en ti confío
en ti mis horas acreciento
y canto sobre tu grandioso silencio
poemas compañeros...
Barra querida de aquellos tiempos.
Se terminaron para mí todas las farras,
mi cuerpo se alza sobre una tormenta magistral,
deleita rincones del tiempo,
carne destronada que cae
haciendo música.
Tu voz se ha llevado el viento,
y en el viento se ha quedado tu piel
impregnada de magnolias.
Tu oscuro rostro de feroz poeta
me ha cegado con su sed infinita.
Tus manos vacías me han llenado
de vacuos estruendos del alma,
y de tu pecho ha brotado como una luz
el mío.
Un dolor, una alegría,
termina contigo y contigo también
ha comenzado.
Quisiera gritar
bajo un relámpago tan conmovedor
como el océano en calma. Y ser
como tu voz un hombre
que talado se desangra.
Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero
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