lunes, 30 de agosto de 2010

Lencería afilada por tu piel,
breve temblor de fragancias,
en tu Otoño una perla se marchita
y su negro brillo ata
todo lo que abrasa. Los espejos
se hunden en la densa sombra,
el calor se refleja en los ojos
como si la vida los dejara.
Jadeante hierro, flores doradas,
blancas caléndulas nos sonríen
amenazantes.
Y de su cuerpo vacío
una culebra erguida nace,
simiente poderosa,
tallo de árbol para ataúdes,
nácar contagioso. Y de su cola
entrega el furioso néctar
a la danza
de los cadáveres amenazados.
Hay que soltar sus bridas,
hay que bañarse en ese frío metálico
como en el agua ensangrentada,
para emerger insensible como un pájaro.
Hay que encontrarse con esa señora
de paredes escalonadas que nos llama
como se funda una palabra sin decirla,
se espera caer en algún lugar
acarizado, cicatrizado como un verso,
miel de abejas maldicentes
aturdidas por los olores del sexo,
heridas, por la inminente noche.


Kepa Ríos Alday
Talleres de Poesía Grupo Cero

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